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Parques Nacionales de Venezuela
Macarao, un Oasis en el Desierto Valle! | Macarao, un Oasis en el Desierto Valle! |
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(Este escrito de Carlos Rivero Blanco, fue publicado en El Nacional el domingo 27 de febrero de 1972, como preámbulo a la propuesta de creación del Parque Nacional Macarao. Casi dos años más tarde, luego de finalizados los estudios necesarios, se declaró el Parque Nacional Macarao mediante el Decreto No. 1.529 del 05 de diciembre de 1973; Publicado en la Gaceta Oficial N° 30.279 del 12-12-1.973)
Encontrar aguas cristalinas de ríos no contaminados, a pocos minutos de Caracas, nos llena de satisfacción. Las rocas, los árboles, el ambiente todo, nos muestra el equilibrio y armonía reinantes en la naturaleza de Macarao. En un rincón del valle de Caracas llamado Macarao, están las cristalinas fuentes del río Guaire. En ese sitio, se conserva el frondoso y vivo perfil de lo que otrora fue rasgo natural del valle de la Sultana del Avila, que hoy por hoy es tan sólo un desierto de verdor animado por la fría vida de los ladrillos y el contrastante calor que emana de sus calles de asfalto. Y ese río, que nace cristalino, se torna impuro y sucio al paso por el corazón de la ciudad, que descarga en él sus desechos pestilentes. Ese rinconcito, todavía puro, verde, fresco y limpio, nos recuerda a muchos lo que los viejos moradores de la capital nos han contado sobre la frescura natural del gran valle. Para fortuna de los caraqueños de mañana, Macarao será salvado de la voraz tendencia expansionista de la urbe. Y se convertirá en un lugar de paz y esparcimiento para muchos, y en una gran aula al aire libre en la que nuestros estudiantes puedan comprender los secretos de la naturaleza en convivencia con su esencia misma. Macarao ha sido cuidado con ternura y dedicación de sde los tiempos de Gómez, pero en su estado actual, bajo el celo del MAC y del INOS no lo hemos aprovechado a plenitud. En otras palabras, es un lugar natural bien conservado y celosamente protegido que puede dar todavía más de sí mediante un uso reglamentado que le permita proyectarse hacia la comunidad. Como siempre sucede en estos casos, la preocupación por un futuro distinto y mejor para la cuenca del río Macarao ha nacido en la mente de uno de nuestros más destacados naturalistas Y uno de los más dedicados botánicos: el profesor Leandro Aristeguieta. Durante muchos años, como profesor de Botánica, ha recorrido con sus estudiantes la vasta superficie de más de veinte mil hectáreas de vegetación natural en la cuenca de Macarao y con ellos, se ha convencido de la calidad de la zona como un recurso único en su género para la enseñanza de la Biología a los estudiantes caraqueños. Nuestra imaginación se maravilla con la idea del contraste entre nuestros primeros estudíos de Botánica y Zoología en un salón de clase, con cuatro paredes, un pizarrón y un libro pobremente ilustrado y aprender en un bucólico paisaje pleno de luz de sol y de verdor y en el trasfondo, el canto de los pájaros y las chicharras y el agua cristalina que hace sonar las piedras a su paso. Hace algunos días, se cubrió la primera etapa de la transformación de Macarao en un centro de educación y de recreo con la firma de un documento dirigido al ciudadano Ministro de Agricultura Y Crfa, doctor Daniel Scott Cuervo, en el que se pide al Ministerio la consideración de la utilización reglamentada de Macarao como Reserva Bíológíca. El documento fue suscrito por numerosas personas representativas de las distintas sociedades conservacionistas del país y con la meritoria participación del Instituto Pedagógico Nacional, institución preocupada por la mejor formación de profesores de ciencias naturales. Las acciones propuestas en dicho documento se basan en las ilimitadas posibilidades que ofrece Macarao como zona natural. A sólo pocos minutos del centro de la ciudad, ofrece una gran extensión de bosques, selvas de galería, manantiales, animales y una gran variedad de plantas. Una gran variedad ele biotipos que se distribuyen entre los mil y dos mil metros de altura, constituyen un verdadero tesoro biológico a la mano de nuestros estudiantes, ávidos de conocer la naturaleza que una vez reinó en el valle de Caracas. Además, los estudiantes podrán hacer interesantes observaciones en la represa de Macarao y conocer los sistemas de tratamiento de aguas; podrán además ver de cerca los viveros de plantas y la estación de inseminación de ganado que el MAC tiene en el lugar. Los planes para el desarrollo de la zona Incluyen: la fundación de un orquidario natural, que será organizado por los especialistas de la Sociedad Venezolana de Ciencias Naturales. La delimitación de zonas de estudio e Investigación. La fundación de un Centro de Estudios Ecológicos del Instituto Pedagógico Nacional, para lograr un estudio completo de la biota del área y conocer la ecología del antiguo valle de la Capital. La puesta en servicio de instalaciones adecuadas para recibir a los visitantes en zonas apropiadas para la recreación y el descanso de los fines de semana. En fin, Macarao será incorporado a la vida de estudio y esparcimiento de la ciudad cumpliendo así con su condición de remanente de lo que en un tiempo ya pasado fue el valle de Caracas. Desde luego que, antes de que tal cosa suceda, debe de reglamentarse por completo la utilidad que va a prestar, nombrándose a tal efecto una comisión de estudio que en un ambiente multidisciplinario lograse en poco tiempo terminar la loable empresa que pacientemente y por muchos años ha llevado adelante el profesor Aristeguieta. Una vez reglamentado su uso educativo y recreativo, Macarao será definitivamente un oasis en una ciudad desierta, en la que nosotros, sedientos de naturaleza sabremos agradecer la original preocupación de quienes en una época de crecimiento expansivo y turbulento de una gran ciudad han dedicado su trabajo al bien común, conservando para el futuro lo que algunos han despreciado y destruido con saña y descuido. |
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